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UNA VUELTA DE TUERCA MÁS

Yo no lo entiendo. A final de mes, cuando los hábitos alimenticios se vuelven tan pobres que sustituyen a los malos vicios, cuando por mucho estirar el dinero uno se da cuenta de que está trabajando para los demás, que está pasando la mayor parte de su vida amargado por sobrevivir a sus deudas, ahogado por el alquiler, el crédito de la moto, el colegio de los niños, … la memoria colectiva parece no hacer mella en la sociedad. Cada uno anda metido en sus asuntos, en esa supervivencia que empieza a hacer mella en la aburguesada clase media, obtusa, aferrada a lo material que pasados y mejores tiempos económicos le ofrecieron como soborno a su egolatría individual. Nadie osa alzar la voz contra la injusticia social, contra la subida de precios, contra una crisis idealizada por una oposición imbécil, por un gobierno auspiciado por el miedo y las mentiras, por una clase política, en definitiva, muy acorde a los tiempos que corren: infértil e individualista.

Uno acaba su jornada laboral, mete las manos en los bolsillos y no encuentra más que un triste pañuelo de papel, con suerte recién usado, quien sabe si para secar el llanto de los ojos o el sudor de la frente, posiblemente ambas cosas. Y es que el trabajo no cunde, y el salario cunde todavía menos. No obstante, los bancos arrojan cifras macroeconómicas sobre los grandes beneficios que se preveen en sus cuentas de explotación. Entretanto, con una nueva subida en los tipos de interés, los mileuristas ciudadanos que con tanto ahínco soportamos el peso de la economía trabajando por un sueldo miserable dejamos de lado aquellos pocos vicios que hacen de la vida algo más digna: nuestros hobbys. ¿Cómo sobrevivir a estos tiempos difíciles?

Por mucho que hagamos cálculos, restas, divisiones, sumas y multiplicaciones, nuestro sueldo no da para más. Las hipotecas están por encima de nuestras posibilidades, el combustible está por la nubes y lo más jodido, el alimento básico: arroz, aceite, huevos, harina y leche están un 40% más caros. Lo vemos en las noticias y pensamos… ¡pues compraré otra cosa! Perfecto, en esta sociedad consumista tenemos cientos de opciones. Es difícil pensar que aunque llegue fin de mes no tengamos para comer, aunque sea un trocito de pan con chocolate… Ahora situémonos en el Tercer Mundo, y con eso no os digo Etiopía, sino fuera de Europa o los USA, donde los umbrales de la pobreza son desconocidos por la gran mayoría del planeta. La carnaza de los telediarios. Sí, mientras disfrutas de la paella de los jueves, mirando las noticias y ves que las inundaciones de Myanmar se han cargado de un plumazo a 15.000 personas. Fijas de nuevo la vista en el plato y al levantarla… ZAS! El Madrid ha ganado la liga. ¿Dónde están esas 15.000 personas? ¿Dónde están todas y cada una de las tragedias personales que afectan a los familiares de esas 15.000 personas? Qué más da, el Madrid ha ganado la liga.

Ese arroz que para nosotros significa desembolsar un 40% más (céntimos de euro) tiene otro significado muy diferente en el Tercer Mundo: Morirse de hambre.

Pero eso nos queda muy lejos, y realmente nos importa una mierda. Bastante tenemos con lo nuestro: pagar la hipoteca, pagar la moto, pagar el colegio, pagar la luz, pagar, pagar, pagar… pero amigos, estamos heridos de muerte. La madre economía, madre del capitalismo, del obsoleto sistema consumista, hermana de todas las ciudades que actúan de manera insostenible, como garrapatas que chupan a mordiscos… dicta nuestros intereses.

El obeso cerdo capitalista que fumaba habanos mientras retozaba en lodazales de dinero ha muerto. ¿Y qué nos ha dejado? Lo que deja el cerdo, el de toda la vida, mierda y maloliente metano. Y ahora toca venderse la moto, venderse el piso y pagarles unos estudios de instituto al niño. Ya pasó la euforia del 100 Aniversario Harley, echad un vistazo a las webs de compraventa, jamás he visto un alud tan grande de Harley Davidson en venta con apenas 5.000 kilómetros en 4 años. Los caprichos se pagan caros pero en época de crisis se venden baratos, muy baratos. Y el caprichoso destino nos aguarda en julio, con el 105 Aniversario. Y si queréis podemos celebrar el 110, el 115… la cuestión es celebrar algo, aunque sea celebrar que esos borregos hacen cada día más rico al gran hermano americano. Mientras, sumidos en la vergonzosa necedad del ser miraremos por encima del hombro al africano que vino en patera a buscarse un futuro que no tenemos claro ni nosotros mismos.


©La Moska Kojonera Team

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